
Un lugar en la nada que es el Internet donde permitiré que escudriñen mi sucia mente. Quizás logre que algún desquehacerado, como yo, lo lea.
jueves, 5 de marzo de 2009
Desvaríos

lunes, 9 de febrero de 2009
jueves, 22 de enero de 2009
Viajes del alba
Citlally Vergara Olguín
Hoy en la mañana, camino a la escuela, un niño de ojos llorosos me miró y sonrió. Su mirada ambar reflejaba los primeros rayos del amanecer.
Nada cruzaba por mi cabeza. Niguna barbaridad se formaba en mis pensamientos aún, éramos solo el niño y yo.
Sus ojos cargados de ilusiones, me miraron como quien mira un dulce tras un aparador.
Me escudriño por completo, no dejó recobeco en mí libre de sus infantiles dudas.
No pasaron más de 5 segundos, cuando volteó la mirada con su madre, la tomó de la falda y la hizo inclinarse hacia él. El pequeño susurró algo al oido mientras discretamente me miraba sobre el hombro de su progenitora.
Rechinar de llantas, engranes y un motor falto de atención mecánica, distrajeron mi atención del jóven espía. El camión que debía tomar se acercaba rápido.
Con la mirada y una sonrisa le dije adiós a mi amigo. El sol había salido por completo y era hora de irme.
Espero que el alba traiga mañana consigo tu curiosa mirada de nuevo.
jueves, 25 de diciembre de 2008
Viajes Dharmáticos
La Yerbabuena, Comala, Colima
Agencia Informativa Dharma
Secreta magia bajo el volcán
Por Citlally Vergara Olguín
Ocho y media de la mañana, tomas la carretera a Comala y conduces hacia Tonaltepetl el imponente Volcán que vigila la ciudad de Colima. A la mitad del camino cruzas con el río de la Lumbre que ofrece una vista hacia la primer fumarola de la mañana que exhala el volcán.
Continúas tu camino hacia el norte, la carretera se convierte en empedrado. Conduces junto a la Laguna de la María y sigues derecho. Justo antes de ver desaparecer al volcán tras un cerro, está la comunidad de La Yerbabuena, un pequeño lugar escondido entre cerros y campo que consta apenas de 14 familias.
Al llegar encuentras la estación de vigilancia permanente del Ejército Nacional, algunos de ellos charlan junto al kiosco del jardín, como todas las mañanas, el resto se prepara para una cascarita futbolera en la cacha frente a la escuela.
En la entrada al poblado, hacia la derecha, colina abajo, encuentras unas cuantas casas que parecen ser las únicas en la comunidad. Al final de la calle viven Maximino Ramírez, Tepeyoloztli y su esposa Reina Martinez, Malinali, ellos administran una tienda de abarrotes, venden artesanías y realizan baños de temascal.
Malinali te atiende con una sonrisa amable y sincera, mientras Tepeyoloztli te habla de las mágicas propiedades de un temascal. Él te pasea entre cafetales y flores hasta llegar al “vientre de la madre tierra”, el temascal, Temazcalli.
Te explica lo que es un baño de temascal, dice que es un canal de ayuda, que reactiva tu fuerza de voluntad para salir adelante, busca un equilibrio energético, claro que depende de tu fe. Para Tepeyoloztli esto no es un trabajo, es una vivencia. “Actúa con el corazón”, dice, “cada uno nacimos con un don”.
Mientras el viento sopla y hace rozar las hojas del maíz entre sí, las águilas hablan, charlan con Malinali, están contentas por tu visita. “Todos somos del todo, todo es dualidad” habla Tepeyoloztli.
Te preguntarás por qué toda su casa está rodeada de ramas con listones rojos, Malinali, responde que son racimos de salvia seca que sirven como protección, “el rojo es protección y también es el camino que debemos tomar” aclara Tepeyoloztli.
Sales de su casa con una amplia sonrisa y la sensación de haber perdido la conciencia del tiempo. Caminas hacia el jardín, escuchas el viento que baja por los cerros, la amplitud del campo, las águilas.
Es la una de la tarde y los soldados juegan futbol, los niños continúan en la escuela y nada pasa por la calle. Es más la algarabía de los sudados gendarmes que los escasos niños en la escuela.
Un muro junto a la escuela dice “La Yerbabuena no se vende, no se rinde”, en los postes de la cancha de basquetbol donde juegan los soldados, se observa la presencia del EZLN, en las ventanas de la escuela primaria, carteles de niños encapuchados promoviendo una cultura de libertad y tolerancia.
Respiras profundo, te despides de la inmensa tranquilidad de la Yerbabuena y emprendes tu amino de regreso. A cada momento giras la cabeza sólo para ver cómo cada vez el coloso de fuego se hace más pequeño. Las águilas que escuchaste en el jardín, ahora acompañan tu camino.
domingo, 12 de octubre de 2008
Abre...
Citlally Vergara Olguín
Entré por esa puerta grande de madera a lo que me pareció el jardín más hermoso que mis ojos hayan visto jamás.
Un enorme jardín oculto en la inmensidad del bosque, rodeado por una gran pared de piedra cubierta de preciosas enredaderas. Todo el contorno era un gran pasillo con pilares en forma de espiral que sostenían un pequeño tejado de piedra que contenía el secreto aquél.
En el suelo se dibujaban caminos de piedras de río que corrían desde la puerta y daban vuelta al jardín. Junto a ellas el pasto verde brotaba abundantemente, las flores y los pequeños arbustos adornaban las esquinas en las que el camino cambiaba de dirección.
Hacia el centro, donde se encontraba la mayor concentración de vegetación, de vida, no había caminos que te dirigieran a un lugar en especial.
Plantas creciendo a diestra y siniestra, una pequeña fuente a manera de estanque definía el centro; lianas colgando de alguna parte, árboles, plantas, palmeras, arbustos, flores, un sin fin de especies de helechos. Peces en el agua, mariposas revoloteando de aquí para allá, pajarillos que construían sus nidos en las ramas; todo un ecosistema creciendo en armonía, oculto del resto del mundo.
De pronto, la imagen difusa de un hombre sentado en una de las esquinas del jardín me pidió acercarme con un movimiento de su mano, después me llamó por mi nombre y apuntó un asiento junto a él. Me acerqué a él y comenzó a hablar:
- Cada cambio de luna, el bosque permite a una persona adentrarse en él y descubrir el camino que trae a la puerta de este jardín. Sólo los aventureros se atreven a caminar por ese sendero desconocido, los valientes que no temen a lo inesperado, sólo ellos pueden entrar al jardín. Pero aquellos que temen descubrir algo nuevo, quienes rechazan la oportunidad, jamás se les volverá a presentar tan generosa invitación.
- Pocos, como tú, podrán volver al jardín cuantas veces quieran, siempre y cuando haya cambio de luna y mantengan en secreto la existencia del jardín y lo que en él hay. Su espíritu aventurero y valentía perdurará por siempre, esa será su llave.
- Ahora vuelve a casa, niña, y sueña con las maravillas que has visto aquí. Procura estar allá antes de que salga la luna por completo. Sigue creando.
Extendí mi mano para estrechar la suya y él la besó. Salí entonces del jardín, no sin antes dar un último vistazo para fijar todo en mi mente, sin dejar pasar ningún detalle y poder recordarlo más tarde.
Caminé por las piedras hasta la salida y dije adiós a mi nuevo secreto. Cerré la puerta y caminé de regreso por el sendero que me había llevado hasta ahí y en el que ahora jugaban las luciérnagas.
jueves, 2 de octubre de 2008
A 40 años, segimos busca de la libertad...
NAIEF YEHYA
El 12 de octubre de 1968, fueron inaugurados los XIX Juegos Olímpicos en México, a los que mañosamente llamaron “los juegos de la paz”. Apenas diez días antes, grupos paramilitares, en particular el tristemente célebre batallón Olimpia, y tropas del Ejército llevaron a cabo una de la peores carnicerías de la historia del México posrevolucionario. La cifra oficial de muertos fue 20. Nunca se supo el número real de víctimas, muchos piensan que debió de estar alrededor de 300. Para quienes nacimos en la década de los sesenta, los acontecimientos de mayo del 68 fueron un rito iniciático temprano. A los cinco años, mi vocabulario se enriqueció con la palabra matanza, descubrí los gestos de angustia y conocí las expresiones de zozobra. Como tantas otras familias mexicanas de izquierdas en 1968, abrimos la puerta a la paranoia y adoptamos la derrota como una medalla que se portaba con orgullo. Obviamente, yo no entendía lo que estaba sucediendo, tan sólo sabía que el Ejército había disparado sobre los estudiantes, que se habían usado los tanques contra civiles desarmados, que ardían autos y autobuses en las calles.
Ilustración de Iván Solbes
sábado, 27 de septiembre de 2008
Lobo, acércate
Hombre lobo, que me tomaste por primera vez en una noche lluviosa de verano. Salvaje, mojado, de reflejos azules.
Adoraba que fueras impulsivo, que felinamente me sedujeras, que pudieras tomarme en cualquier lugar y frente a cualquier persona.
Cuántas veces no nos tocamos bajo la mesa mientras sonreíamos ingenuamente ante nuestros acompañantes.
Qué lástima que ella se atravesara en tu visión, triste el momento en que llegó a presentarse con ese ligero y alucinante contoneo de caderas.
Hipnotizó tus manos, te llenó de brillo los ojos, se comió tu lengua.
¡Pudo domarte!, qué pena.
Robó tu esencia, no eres más que otra de sus coreografías, un movimiento de su cintura.
Te peinas para ella, te perfumas como ella desea, actúas como ella te indica.
Pretendes amarla porque ella logró hacer de ti lo que ninguna otra pudo.
Te sientes comprometido.
Crees en ella porque ella pudo peinarte, vestirte, hacerte sentir querido.
Ella te cambió.
Yo amaba el eco de tus gemidos en la inmensidad de una habitación, tus ímpetus públicos e inoportunos, sentir tu sexo intentar traspasar nuestra ropa como si coger se diera por medio de osmosis o qué se yo.
No importaba que tuviéramos parejas, lo nuestro era excitante y nunca pensamos en detenernos
Voz relajada, dime que huyamos toda la noche, escuchemos Led Zeppelín en la carretera, desviémonos a un motel y hagamos el amor. Déjala.
Volvamos a la clandestinidad en la que gozábamos. Despójate de sus complejos que adoptaste como tuyos.
Quítate la ropa, ponla sobre la silla y acércate un poco más, sé que haz anhelado esto más que yo.
